Líderes de opinión

“Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los malvados, no se detiene en la senda de los pecadores ni cultiva la amistad de los blasfemos, sino que en la ley del Señor se deleita” (Salmo 1:1-2a).

Ha sido una reflexión personal en el último tiempo el asunto de quiénes son los que lideran la opinión en nuestros círculos más cercanos (familiares o de amistad), como también a nivel nacional en los distintos temas que preocupan a las personas comunes y corrientes en nuestra sociedad. Creo, sin temor a equivocarme, que en la gran mayoría de los casos son personas con un declarado y evidente rechazo a los principios cristianos (bíblicos o dese la perspectiva del evangelio). El siglo XXI, no se ha destacado, precisamente, por hombres o mujeres con una cosmovisión cristiana que lideren o se destaquen en términos de opinión de manera clara, sabia, ponderada y que sea de influencia más allá de nuestros muy pequeños círculos familiares de amistad o eclesiales.

El mundo, aunque la gran mayoría no lo perciba así, necesita de manera urgente de hombres y mujeres con las características antes mencionadas. La sociedad se ha acostumbrado a escuchar a quienes se han ganado, muy astutamente, la palestra en el ámbito político-religioso y socio-político, hablando y proponiendo aquellas cuestiones que la gente “quiere escuchar”. Lo que digo es que, en nuestro tiempo, a pesar de lo que podemos creer, la demagogia política y religiosa está más viva que nunca. Las nuevas ideologías (aunque probablemente no tengan nada de nuevas) son las que de mejor manera ejemplifican esta cuestión. Si alguien, temerariamente, levanta la voz en contra de las ideologías de género inmediatamente será tildado de homófobo e intolerante (los epítetos más suaves por supuesto). Quien critique el modelo neoliberal con su capitalismo desenfrenado será calificado de comunista y ateo. Por el otro lado, si se critica al modelo comunista, aquél será tildado de “fascista” o “vendido al sistema”.

¿Qué responsabilidad tenemos los cristianos al respecto? Absolutamente toda la responsabilidad. Nuestro quehacer diario debe estar marcado por el trasfondo de la cita en el inicio de esta reflexión (salmo 1). No podemos olvidar que nuestro Señor Jesucristo dijo que Él es la luz del mundo (Juan 8:12); pero también que la Iglesia (su cuerpo, los redimidos del Señor) es la luz del mundo (Mateo 5:14-16) que lleva la antorcha del evangelio para que alumbre a las naciones y “glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”.

Hace bastante rato ya que no se levantan hijos de Dios con una palabra profética que denuncie el pecado en la sociedad de una manera clara y respetuosa a la vez. Esta falta de hombres valientes y con un claro entendimiento de su Palabra hace que de vez en cuando, haciendo más el ridículo que nada, se hagan visibles ciertos “pastores” o “líderes cristianos” que reclaman más protagonismo que denunciar los abusos que el pecado del hombre, y en el hombre en particular, inflige sobre la sociedad. Por qué hoy no existen hombres como José, un hebreo gobernando justa y sabiamente sobre una nación (que ni siquiera era suya), buscando el bienestar de todos.

¿Será bueno extrañar a hombres como Wilberforce que, después de su conversión a la fe evangélica y siendo miembro del parlamento inglés presentó un proyecto de ley a la Cámara de los Comunes que buscaba eliminar la esclavitud? Pero no sólo eso, sino que luchar casi 16 años para ver el resultado de su trabajo para honra y gloria de Dios.

Por cierto, que es bueno extrañar a hombres como Wilberforce y también como David Trumbull que siendo extranjero en Chile y a partir de 1845 junto con su ministerio primero entre los británicos asentados en Valparaíso comenzara un fructífero y arduo ministerio de la Palabra que no se quedó sólo en la predicación de ésta, sino que demostró con hechos, el abnegado servicio a los ciudadanos chilenos (conciudadanos luego que el senado, años más tarde, le otorgara la ciudadanía por gracia, modalidad otorgada a los extranjeros que han realizado grandes servicios a la República) como el logro de los cementerios laicos, y la ley de matrimonio civil entre otros.

Qué decir del misionero y pastor John A. Mackay y su contribución a buscar la paz en el mundo, criticando el actuar de su propio país (EEUU) en conflictos como el de Vietnam y el inhumano planteamiento ante el comunismo. Esto le valió ser acusado de comunista o por lo menos “pro-comunismo”, algo muy lejano de la realidad. El planteamiento franco, cálido, pero a la vez firme de Mackay hizo que tuviese la enorme bendición de ser publicado en más de una ocasión en el New York Times y en Le Monde Diplomatique.

¿Por qué hoy no se levantan hombres así? Mi respuesta es que, fundamentalmente, por dos razones: a) por la enorme influencia que el “mundo” ha tenido sobre la Iglesia, lo que ha permitido una triste y adúltera relación de la Iglesia y el mundo; y b) que aquel remanente fiel que no ha cedido a la tentación de ir tras la fornicación espiritual, está aletargado y falto del ímpetu que sólo el Santo Espíritu puede dar, moviéndonos a su Palabra y a la súplica en oración para que Él levante a nuevos Wilberforce, Trumbull o Mackay.

Los invito a orar y trabajar por esto, para la honra y gloria de Dios.

Rev. Jean Jacques David V.

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